Con la llegada al poder de Donald J. Trump en
los Estados Unidos y la mediatización de sus posturas políticas sin duda han sido
vistas por muchos como un medio legitimador para reivindicar las suyas xenofóbicas,
racistas, sexistas y antropocentristas. Sus políticas radicales hacia la
liberación de la economía, la reducción del papel del Estado y su fuerte discurso
nacionalista contra la inmigración parecen haber hecho eco en el continente.
Por ejemplo no pocos políticos en nuestros
países latinoamericanos han intentado imitarlo y otros apoyado algunas de sus
tesis durante alguna campaña electoral
reciente, aquí en Costa Rica un ejemplo de ello fueron los ex-candidatos
presidenciales Juan Diego Castro y Otto Guevara respectivamente.
Jair Bolsonaro en Brasil no es un producto
directo en sí mismo de “la fiebre” Trump, pues él ha tenido posturas de este
tipo desde que era diputado antes de que Trump si quiera fuera postulado como
candidato. Sin embargo me parece posible que se haya beneficiado de esta nueva
legitimación de discurso de tipo autoritario. Bolsonaro a diferencia de Trump,
posee un discurso aún más radicalista, pues abiertamente se manifiesta en
contra de los derechos de las personas LGTBI+, las Mujeres, las y los Indígenas,
y contra el medio ambiente, temas que Trump no ha tocado, al menos no de forma
tan vehemente.

Sin embargo, algo en lo que ambos parecen ser
similares en su discurso es su forma maquiavélica de enaltecer su “patriotismo”
o “nacionalismo” como el fin que justifica los medios, lo cual a más de una
persona le ha hecho cuestionarse por ejemplo, si es posible que se esté
repitiendo aquella pesadilla real experimentada durante la Segunda Guerra
Mundial en la cual se cometían actos atroces bajo la misma primicia.
Entonces, ¿se
está repitiendo la Historia? ¿Estamos caminando sobre las mismas huellas que
llevaron a países como Italia, Alemania y posteriormente a España a
experimentar gobiernos dictatoriales y fascistas?
Responder a esta pregunta en términos absolutos
es científicamente imposible, pues desde la Historia no podemos vaticinar lo
que sucederá por más fuentes, conocimiento y pruebas que utilicemos. En la
Historia, muchas veces trabajamos desde el pasado para poder comprender mejor
el comportamiento humano y es posible extrapolarlo al presente, sin embargo
esto no da garantía de poder saber a ciencia cierta lo que vendrá, por lo tanto
es complicado afirmar que tendremos el mismo escenario del siglo pasado basándonos
en algunas similitudes políticas. Esto es porque en sí nuestro contexto político
y social actual es muy distinto al contexto en el cual se desarrolló la Segunda
Guerra Mundial. Por poner un ejemplo, la influencia e incidencia de las redes
sociales en las masas como un factor político determinante.
Partiendo entonces de este supuesto, me parece que
sí es posible establecer hipótesis sobre los posibles escenarios políticos y
sociales que se puedan desarrollar. Además podemos utilizar la Historia para rescatar
estas similitudes identificables entre el pasado y el presente para seguir de
cerca lo que está sucediendo y la forma en la que se desenvuelven los hechos con
mentalidad crítica.
Entonces como conclusión, tanto Trump como
Bolsonaro han “revivido” los viejos discursos duros de tipo fascista y
nacionalista del siglo pasado en un nuevo contexto social y político que posee
particularidades propias y que se mantiene en constante cambio, desde el cual
la Historia puede brindar hipótesis basadas en las pruebas del pasado que
puedan arrojar luces explicativas del presente para poder analizar críticamente
los procesos que se vayan generando a través del tiempo.
“Lo único constante es el cambio”
- Heráclito